
¿Lo mismo de siempre? Lo de siempre aburre. Explora nuevas zonas erógenas, ponte creativa.
Clítoris, pene, pezones… sí, obvio. Pero tu cuerpo es mucho más que eso: es un mapa del tesoro lleno de rincones inesperados que pueden encender fuegos artificiales si se tocan como se debe. Hoy te contamos cuáles son, cómo estimularlos y con qué herramientas llevarlos al siguiente nivel.
1. La nuca: donde todo empieza.
Un beso lento detrás de la oreja. Un susurro al oído. Un roce con la yema de los dedos por la base del cuello. Esta zona tiene una sensibilidad especial que activa el cuerpo desde arriba hacia abajo. Ideal para iniciar el juego, crear anticipación y marcar el tono.
2. Detrás de las rodillas: sí, leíste bien.
La parte trasera de las rodillas es una de las zonas más olvidadas del cuerpo, pero con la estimulación adecuada puede ser una bomba. Prueba con caricias suaves, roces con una pluma o incluso una lengua curiosa. La sorpresa es parte del encanto.
3. El perineo: el secreto entre los mundos.
Esa pequeña área entre los genitales y el ano está repleta de terminaciones nerviosas. Una ligera presión con los dedos o un masaje vibratorio puede generar una sensación de profundidad intensa, tanto en personas con pene como con vulva.
4. El cuero cabelludo: sí, como en el salón de belleza, pero sexy.
Masajear la cabeza con las uñas o con un masajeador manual puede relajar, excitar y preparar el cuerpo para todo lo que viene después. Es una forma de liberar tensión y activar hormonas de placer sin siquiera tocar los genitales.
5. Los muslos internos: tan cerca, tan ignorados.
Pasar los dedos, lamer, acariciar o vibrar esta zona genera una tensión deliciosa. Es una forma indirecta de encender el deseo sin ir directo al punto. Ideal para quienes aman el juego previo largo y sabroso.
El cuerpo humano está hecho para el placer. A veces solo necesitamos cambiar el foco, salir de lo de siempre y atrevernos a explorar. Así que agarra una pluma, un vibrador o solo tus manos… y ponte creativo. Que no se te escape ninguna zona erógena sin descubrir.


